dilluns, 21 d’octubre del 2013

Comprender las emociones del adolescente




“Comprender emociones del adolescente: empatía y consuelo”.

Comprender las emociones del adolescente: tener empatía y dar consuelo

Si eres paciente en un momento de ira, escaparás a cien días de tristeza.
Proverbio persa

Es seguro que las emociones que sentirá el adolescente serán mudables: un día estará triste y el otro eufórico.

Tiene la emotividad revolucionada y, si tenemos empatía, sabremos distinguir cuándo su problema es real y necesitará consuelo o cuando es pasajero para pasarlo por alto.

Estaba en casa de unos amigos. Me gustó la frase de su hija de trece años cuando les pedía a sus padres con una sonrisa: “No me digáis nada ahora, que estoy un poco borde”. Ella deseaba como este muchacho la comprensión de sus padres: “Cuando queremos comunicarnos con nuestros padres, sucede que no están atentos a lo que les decimos, van acelerados, parece que nos pregunten sólo para cubrir el expediente; no se enteran que deseamos de verdad que se fijen en nosotros y conozcan nuestras preocupaciones”.

Nuestros hijos nos envían un mensaje: por mucho que le demos bienestar físico y otras compensaciones materiales, él quiere nuestro tiempo y no quedar abandonado en la habitación, a pesar de que lo acompañe la más alta tecnología y tenga la pared forrada de pósteres de sus ídolos preferidos.

No demostraremos ni empatía, ni consuelo si ironizamos o si decimos rutinariamente: “ánimo”, “descansa”, “alégrate”. ¿Cómo podemos decir a un hijo que “se anime” si no le damos algún motivo para hacerlo? ¿O pedirle que “descanse” si ha de salir rápidamente para una competición? ¿O que “se alegre” si acaban de decirle en el instituto que no podrá pasar al bachillerato porque ha suspendido matemáticas y lengua?

Un amigo mío me comentaba que no había olvidado la fusión de sentimientos, palpable entre él y su hijo, cuando - sin cruzar una palabra - lo había abrazado muy fuerte a la llegada del funeral de un compañero de clase, muerto en accidente automovilístico: “...quedamos más estrechamente unidos aquel día en que yo compartí su dolor, que con las mil y un conversaciones que habíamos mantenido anteriormente. Comprendí que, en aquel instante, mi consuelo y soporte eran un punto importante en su vida en aquella situación de una gran pérdida inesperada. No era preciso hablar, mi hijo sabía que yo estaba a su lado. No estaba solo en el dolor, yo estaba con él de todo corazón, abrazándolo fuertemente con ojos llorosos y sin decirle nada.”


Los padres tendremos que comprender el idioma del adolescente para tener empatía y darle consuelo, este modo afectuoso que hace bien al alma y que se demuestra con pequeñas delicadezas que salen del corazón y que hacen visible nuestro apoyo y cariño hacía él. Lo necesita.

(De "Un extraño en casa", Editorial Viceversa)
















dimarts, 15 d’octubre del 2013

La mesa en familia


La mesa en familia


Sentarse en la mesa para comer juntos

“Una buena conversación ha de agotar el tema que trata pero no ha de agotar a sus interlocutores”.
Winston Churchill

Muchos pensamos que sentarse a la mesa juntos para comer es un elemento de cohesión familiar y social y, al mismo tiempo, un buen elemento educativo. Es el momento de rehacer fuerzas, de reunión, de la tertulia, del descanso. La comida es también un espacio para la educación de los hijos donde no cabe tan sólo dar importancia a la manera de coger los cubiertos sino a valores como que el niño ceda la fruta que más le gusta a un hermano o a un invitado, a saber escuchar y no interrumpir o a esperar a levantarse de la silla hasta que todos hayan acabado. Paciencia, generosidad y esfuerzo quedan bien patentes en estos tres aspectos de la convivencia cotidiana. Paciencia que también ejercen los padres ante el alboroto que se origina por aquel vaso que siempre se vierte en el mantel.

Algunos recordamos la fábula de El festín de Babette, de la escritora danesa Karen Blixen, interpretada de manera genial por aquellos comensales que a pesar de no saber ni el nombre de lo que comían (menos el coronel) iban suavizando sus maneras de hablar, se dolían de haber enojado a los otros y se intercambiaban miradas de complicidad, de perdón y de amor hacia las dos hermanas que habían permanecido solteras para ocuparse de la comunidad que les había legado su padre difunto.

Nos resulta muy práctico tomar alimentos de la nevera y de manera rápida y comer desordenadamente con los consiguientes problemas de salud, normales cuando se vive tan deprisa. (Podemos ver el coloquio en el que intervenimos expertos en TV2 para profundizar en este aspecto en este link: http://www.rtve.es/alacarta/videos/para-todos-la-2/para-todos-2---debate---sentarse-mesa-para-comer/1330646.shtml 

Ahora bien, ya que comer en familia es una buena herramienta de comunicación, deberíamos procurar cada día celebrar una comida juntos, con una cocina más simplificada y sencilla que la de los días festivos. Si estamos organizados seguro que no nos privaremos de esta reunión de padres e hijos con una breve sobremesa y sin artilugios digitales que dificulten la conversación.
Y, siempre seamos agradecidos con aquellas abuelas que transmiten las recetas tradicionales de su tierra y conservan la memoria de los fogones.

dimecres, 18 de setembre del 2013

Mantener y aumentar el amor matrimonial

Cultivar y mantener el amor matrimonial




“El proyecto no tiene la grandeza del sueño o de la utopía, el proyecto es “doméstico”, accesible. El proyecto construye alguna cosa, pero lo hace lentamente, con paciencia, y nos hace responsables de las elecciones que tomamos”.

Susanna Tamaro



Antes de empezar a reflexionar sobre cómo cultivar y mantener el amor matrimonial hemos de pensar que el matrimonio es un bien que incluye el deseo de ser y de hacernos felices mutuamente con una generosidad que debe ser recíproca. Excluye el amor propio y pasa por alto las pequeñeces de adaptación de la convivencia dejando de lado el individualismo. Nuestro matrimonio nunca será el de dos egoísmos compartidos aunque se comprende que podemos tener intereses distintos que incluirán tener unas zonas de independencia. El respeto mutuo excluye el instinto de posesión y de dominio que beneficiará tanto el amor del matrimonio como al afecto y educación de los hijos.

El amor del matrimonio es un sí a la fidelidad y al compromiso en el proyecto común de formar una familia. La construcción de ese proyecto de formar una familia tendrá que hacerse con paciencia y pulcritud. Además de repasar la frase que encabeza este artículo pienso en la Basílica de la Sagrada Familia, de Antonio Gaudí de Barcelona. Se empezó lentamente y todavía se sigue trabajando para terminarla. Poco a poco y piedra a piedra se hicieron catedrales, acabadas a la perfección, no sólo en cuanto lo que se alcanza a ver a primera vista, sino también para las filigranas de los techos y de las torres.

Cuando vamos al matrimonio unos nos dicen que somos atrevidos, otros que disfrutemos de ser pareja sin ninguna atadura, otros que esperemos a tener hijos, otros....otros... ¡No les hagamos caso, aunque nos tomen por locos! Se dice que el presidente del Tribunal de la Escuela de Arquitectura, Elies Rogent, afirmó el día que Gaudí recibió el título de arquitecto: “Hoy hemos dado el título a un genio o a un loco. El tiempo lo dirá”. El tiempo ha hablado y ha situado a Gaudí en el sitio que le corresponde, junto a los más grandes arquitectos de la historia. Vivir la locura de crear una familia nos hará geniales.

Dediquemos tiempo para mantener la comunicación porque sin diálogos surgen problemas y conflictos.

Preguntémonos:

¿Es nuestro hogar como un hostal donde se come, se duerme y poca cosa más? ¿Cómo podemos saber lo que complace más a uno o al otro si no hemos buscado tiempo para conocernos? Siempre chocamos con la falta de tiempo y se ha de hacer lo posible por encontrarlo. Mal irían los jóvenes y los adultos casados, si no encontraran espacios para conversar y comunicarse.

Además de vivir la comunicación es necesario mantener la ilusión y el entusiasmo. Una ilusión que anima el camino matrimonial; que descubrirán nuestros hijos y amigos y que les hará llegar a la conclusión que pueden ser felices en el matrimonio.

En el matrimonio debe aparcarse la rutina y tener la capacidad de sorprender. Nos conmueve la película “La vida es bella” y desearíamos imitar la figura de Guido (interpretado por Roberto Benigni) aunque no estemos recluidos en un campo de concentración. Él hace lo que sea para conquistar a Dora, la muchacha que le gusta, sorprendiéndola. Ya casados, sigue realizando increíbles locuras. Es una fábula que nos sugiere diversas maneras de demostrar el cariño y de no dejarse llevar por el desaliento ya que, cuando la rutina y el aburrimiento llaman a la puerta de una relación, hay que cerrarla con llave y no dejar ninguna rendija abierta para que por ella entre la monotonía.

No todo el monte es orégano en el camino del matrimonio. Por muchos motivos puede haber rupturas, por eso, es fundamental, reflexionar antes de tomar una decisión como la de casarse. La vorágine de los tiempos en que vivimos hace que más de un matrimonio haga aguas. Esas rupturas afectan a ambas partes y a los hijos, a pesar de que hay padres que se hacen cargo de la situación, y de acuerdo los dos, procuran que las separaciones sean “civilizadas” en bien de los suyos. Pero, muchas veces, los hijos reciben golpes de un lado o de otro y se culpan de los problemas de los padres, con la consiguiente pérdida de tranquilidad y autoestima para madurar adecuadamente. Hace años, cuando los matrimonios tenían alguna crisis, miraban de arreglarla para no herir a los hijos. Está comprobado que en estos casos muchos hijos valoraban el esfuerzo de los padres para seguir viviendo juntos, e incluso, sacaban algún beneficio, ya que la presencia en casa de padre y madre los ayudaba.

Serían defectos graves en el matrimonio: la agresividad, juzgar o corregir continuamente al cónyuge, manipular con frases como: “enfermaré por los disgustos que me das…”. Tampoco podemos olvidar los celos o la envidia que se transforman en maltratos y gritos -en algún caso-, por no haber sabido disfrutar de los éxitos de uno o de una y compartirlos (al mismo tiempo) brindando con cava y con una cena con velas…

Gracias a Dios, muchos matrimonios siguen juntos, pasados los años, unidos, y adaptados a cambios. Una actitud de humildad para saber pedir perdón o perdonar, ayudará la convivencia y a limar las pequeñas aristas que surjan así como tener una actitud positiva para buscar soluciones y ser agradecido.

Son muchas las maravillas que descubrimos cuando contemplamos el amor matrimonial, un amor que procuramos cultivar y mantenerlo renovado cada día, poniendo - con dinamismo - cualidades de mejora personal dejando de lado la frivolidad, el aburrimiento, el aburguesamiento y reforzando con detalles de cariño la primera atracción de admiración que nos provocó la persona elegida.

(Publicado en Revista “Hacer familia”, septiembre del 2013)







dissabte, 31 d’agost del 2013

Triple filtro de Sócrates


Triple filtro de Sócrates
"Nunca podemos juzgar la vida de los demás, porque cada uno sabe de su propio dolor y de su propia renuncia. Una cosa es suponer que uno está en el camino cierto; otra es suponer que ese camino es el único."Paulo Coelho

Hoy os dejo la historia del "Triple filtro de Sócrates".
Detestar la murmuración, la crítica, el juzgar a los demás sin tener todos los elementos de juicio ni la necesidad de hacerlo, porque no es nuestro oficio, son necesarios para convivir en paz y hacer felices a los que nos rodean. Que en el hogar no se escuchen nunca ni críticas, ni juicios, ni murmuraciones sobre ninguna persona. Se comprende muy bien con lo que leeremos a continuación:

Un sabio filtra la información.
Un sabio filósofo ve llegar a su casa a un joven discípulo visiblemente alterado.
- Maestro, maestro, un mago estuvo hablando de ti con malevolencia. Deseo contarte lo que ha dicho.
- Espera, interrumpió el sabio:
-¿Hiciste pasar lo que vas a contarme por los tres filtros?
- ¿Los tres filtros?, preguntó el discípulo
- Sí, y el primero es la verdad: ¿estás seguro de que lo que quieres decirme es absolutamente cierto?
- No estoy seguro; en realidad lo oí comentar a unos vecinos.
- Al menos lo habrás hecho pasar por el segundo filtro, que es el de la bondad y la justicia: ¿estás seguro de que lo que vas a decirme es bueno y justo?
- No, en verdad es todo lo contrario.
- ¡Ay, vaya! - exclamó el maestro y agregó:
- El último filtro es la necesidad. ¿Crees que es necesario hacerme saber lo que tanto te inquieta?
- A decir verdad, no, respondió el discípulo.
Y el sabio sonriendo dijo:
- Entonces, si no es verdad, tampoco bueno o justo, ni necesario, sepultémoslo en el olvido.

¡Feliz entrada de curso!

dissabte, 3 d’agost del 2013

La prepotencia cierra las puertas de la comprensión y del diálogo

No seamos prepotentes




- ¿Qué te pasa, Guille?

- Me duelen los pies-respondió.

Mafalda se fija en los pies de la niño y le explica:

- Claro, Guille, te has puesto los zapatos cambiados de pie, los tienes al revés.

Guille, tras un instante, el tiempo necesario para comprobar el hecho indiscutible, comienza a llorar más fuerte.

-Y ahora… ¿qué te pasa?

- Ahora me duele mi orgullo.

Quino



El primer enemigo lo tenemos dentro de nosotros: es el amor propio, hermano pequeño del orgullo, que nos hace ciegos a la comprensión. En educación familiar, y no sólo en educación familiar, esto es un problema, ya que hay que admitir que no somos los más sabios del mundo ni tenemos siempre la razón de todo. Esta actitud molesta especialmente a nuestros hijos.



Me asustan estas personas que lo saben todo. Que son dogmáticos y que no tienen ni una pizca de humildad para reconocer que no son tan perfectas como se creen. Van a la suya y no escuchan, muchos son jóvenes y realmente tienen mucha fuerza para seguir así pero cuando llegan a la vejez se vuelven tercos y antipáticos.

En todo momento conviene ser más sencillos y hay que dialogar. Los jóvenes con sus amigos, los padres con otros padres y cualquier persona deben estar dispuestos a aprender de los demás. Ser sencillos y dialogar no significa que uno no tenga sus criterios pero la comprensión y respeto hacia las opiniones de los demás ayuda a la flexibilidad ya ser más atractivos y apacibles.

No es conveniente ir tan seguros y prepotentes por la vida que parezca que no necesitamos de nadie "... a mí nadie me tiene que decir como tengo que guiar a mi hijo... ". Te equivocas, quizás esa vecina a la que le dejas tu hijo cuando necesitas salir sin él, sabe cómo juega y se comporta con sus amigos y te podría dar algunas ideas para saber tratarlo mejor.

El verano, el tiempo de vacaciones es un buen momento para avanzar en la cualidad de la humildad, pasamos más tiempo con amigos, viajamos, conversamos, podemos cada día mejorar y recordar que no somos el centro del universo. Nuestros hijos agradecerán que tengamos una actitud dialogante y no vayamos por la vida creyéndonos ser losa únicos dueños de la verdad.



diumenge, 21 de juliol del 2013

Mi primer hijo (Sin ser perfeccionista)



Primer hijo, no ser perfeccionista.


“Hemos creado una embrutecedora cultura del perfeccionismo. Esperamos que todo sea perfecto: nuestros dientes, nuestros cuerpos, nuestras vacaciones. Y, queremos hijos perfectos para redondear el retrato. El problema es que no hay tal cosa y esta búsqueda se está volviendo contra nosotros".

Carl Honoré


Reflexionemos ante el nacimiento de nuestro primer hijo que no somos perfectos y ahí radica la fuerza de la educación. No necesitamos manual de instrucciones.

Quedémonos tranquilos si somos cariñosos. El mejor manual de instrucciones es amar. Es verdad que el manual no llega por ciencia infusa o por un milagro. Pero el milagro se da a nivel personal, ya que ante un nuevo ser, a todos los padres se les ensancha su corazón y reflexionan sobre cómo manejar la nueva situación con sentido común. Es evidente que aumenta su ingenio para adquirir conocimientos, se estrujan los sesos o «sudan» con trabajos extras para ganar más dinero y alimentar al pequeño. También se reduce el tiempo que teníamos para nosotros, los padres, y lo invertimos gustosos en bien del pequeño. Aumenta el olvido de uno mismo.

Ahora es momento de ver cómo lo hacemos y las líneas de actuación que nos trazamos para crear un hogar cálido para el marido, la mujer y nuestro pequeño. No aceptemos intromisiones. Hay un tipo de personas que se creen superiores y que no paran de desorientarnos con sus consejos. No nos dejemos influir por las que parecen expertas en todo y nos dan muchísimas explicaciones como si estuviesen dando una lección magistral.

Confiemos en el el sentido comun, en la ternura que sentimos y en los consejos del pediatra.

Tengamos confianza en el amor, que es el motor de la vida; cada nacimiento lo acelera. Hacemos pequeños sacrificios por nuestro bebé: noches en blanco para atenderlo o salir a la calle para comprar pañales y otros productos de higiene son nuevas acciones que nos llevan tiempo. La más costosa es no poder dormir cinco horas seguidas. Tiene gracia este párrafo que circulaba hace pocos días por la red de facebook y que lo escribía una madre con niños pequeños:

“Llega un momento en la vida en donde la palabra «divertirse» ya no significa salir de fiesta, beber, recogerse a las 4:00 de la mañana o pensar sólo en uno mismo. Divertirse significa ver películas de Disney, cenas familiares, historias a la hora de dormir, largos abrazos, una casa desordenada, irse a dormir a las 10:00 de la noche y escuchar vocecitas diciendo «te quiero». Ser padre no te cambia, pero hace que te des cuenta de que aquellas personitas que TÚ has creado merecen lo mejor de tu tiempo. Copia esto si estás orgulloso/a de ser papá/mamá♥”.

No podemos olvidarnos del papel de los abuelos, tantas veces presentes en nuestro hogar, igual que nuestros pequeños en el suyo. Ellos ejercen un papel de apoyo, de ternura, de transmisión de raíces, y han sido, son y serán un gran soporte para ayudar a la mujer a su plena incorporación al mundo laboral.

Unos abuelos que no son los malcriadores oficiales, como los etiquetan algunos padres jóvenes. Son de gran ayuda para transmitir raíces, tradiciones y dar un sabor especial y tierno a la familia, porque ellos siempre ven todas las gracias a sus nietos.

Unos abuelos que podemos visitar más en verano o que agradecemos como nos acogen en su casa.

Sin ser perfeccionistas veamos a nuestro primer hijo con ternura y desde el corazón para crear un vínculo afectivo necesario para caminar por la vida.

Y, desde el primer día, vivamos intensamente el momento de la lactancia materna, fuente de salud y de creación de lazos de cariño.

¡Feliz verano en familia!





dimarts, 2 de juliol del 2013

Favorecer la autoestima: Aceptación y valoración

Favorecer la autoestima: aceptación y valoración


La amabilidad en las palabras crea confianza, la amabilidad en los pensamientos crea bondad, la amabilidad en los actos crea amor.

Lao Tzu


Tenemos una gran verdad que es de sentido común: los niños y niñas de bien pequeños empiezan a apreciarse según la actitud que tengamos hacia ellos, puesto que el contacto principal lo tienen con nosotros. Ellos se ven a través nuestro y tienen de ellos la viva imagen que les damos nosotros. Tampoco saben lo que está bien o mal y lo aprenden según nuestro comportamiento y el de los otros familiares del entorno. Somos realmente su espejo, y según la seguridad que les damos, se sabrán auto valorar y tener o no tener confianza en ellos mismos. Si riñéramos siempre a nuestros hijos, si encontráramos que todo lo hacen mal, si a menudo estuviéramos alterados y enfadados cuando estamos en casa y no reflejáramos la alegría de disfrutar de su presencia, sería fácil que los hijos, al encontrarse poco agradables para sus padres, perdieran autoestima; y al perderla, no serian capaces de enfrentarse a los retos que les surgirán a lo largo de su vida. Por lo tanto, para fomentar su autoestima tenemos que recordar que toda persona, y especialmente nuestros hijos al llegar a este mundo, tienen que saberse aceptados, amados y valorados.

Queremos favorecer la autoestima de los hijos, porque sabemos que si la tienen, pueden ir tranquilos por la vida y superar todas las dificultades que se les presenten. Desde luego que nuestra actitud tiene que ser positiva, y al hablar, actuar, informar y motivar nuestros hijos transmitir nuestra comprensión. Enumeraremos los tres factores que influyen en esta manera de hacer:

1. Aceptación total, incondicional y permanente:
Nuestro hijo es una persona única e irrepetible. Él tiene cualidades y defectos, pero tenemos que estar convencidos de que lo más importante es que capte el afán de superación y la ilusión de cubrir pequeños objetivos de mejora personal. Las cualidades son agradables de descubrir, los defectos pueden hacer perder la paz a muchos padres, pero se pueden llegar a corregir con paciencia, porque aceptamos totalmente la forma de ser del hijo, incondicionalmente y por siempre. La serenidad y la estabilidad son consecuencia de la aceptación y, esto quiere decir, actuar independientemente de nuestro estado de ánimo. También en circunstancias de más dificultades, como serían las de tener hijos discapacitados tendremos que crear la aceptación plena no sólo de los padres si no también de los hermanos y familiares, con la convicción de que repercutirán todos los esfuerzos en bien de la familia.

2. Amor:
Nuestro testigo de amor constante y realista será la mejor ayuda para que nuestros hijos logren una personalidad madura y estén motivados para rectificar cuando se equivoquen. Al amar siempre deberemos corregir la cosa mal hecha, ya que al avisar damos la posibilidad de rectificar y, en todo caso, siempre deberemos censurar lo que está mal hecho, nunca la persona. Dice San Pablo en la Epístola a los Colosenses: ´´Padres, no importunéis a vuestros hijos, para que no se desalienten´´. El amor es la base de la familia y la mejor escuela para aprender a darse y a recibir y nuestro hijo o hija es un don, un obsequio a quien hace falta entregarle toda nuestra vida con generosidad, afecto y agradecimiento.

3. Valoración:
Elogiar el esfuerzo de nuestro hijo, siempre es más motivador para él, que hacerle constantemente recriminaciones. Ciertamente que ante las desobediencias o las malas respuestas, podemos perder las formas, pero los mayores debemos tener la voluntad de animar aunque estemos cansados o preocupados; por esto, en caso de perder los nervios, lo mejor es observar, pensar y cuando estemos más tranquilos decir, por ejemplo: “esto está bien, pero puedes hacerlo mejor”. Durante el tiempo que estamos con los hijos siempre tenemos ocasiones para valorar su esfuerzo, no pedirle más de lo que puede hacer y ayudarlo a mejorar viendo la vida con un sentido deportivo. Tenemos que procurar que aprenda a aceptarse y que con optimismo supere sus dificultades. De esta manera, conseguiremos que nuestro hijo sepa que le amamos por lo que es él y será capaz de desarrollar al máximo todas sus capacitados personales. Tenemos que decir lo que está bien, sin darle ningún calificativo a él. Nuestra actitud positiva, comprensiva y motivadora incrementará la seguridad de nuestros hijos e hijas.

Fomentemos la autoestima sin etiquetar nunca a ninguno de los nuestros.


¡Feliz verano en buena compañia. Se acabó el "cole", del que hablé extensamente en mi título título!
Nota: Si tenéis dificultades en encontrar "¿Quién educa a mi hijo? os agradecería que contactaraís conmigo para -con la editorial- solucionar el haceroslo llegar: vicardona@ono.com