Acompañar en vacaciones escolares: Comprensión
Tiempo de vacaciones escolares, de ritmo menos acelerado, de comunicación confiada. Seguimos siendo padres amables que lo pasamos bien con los hijos y deseamos que este verano del 2015 les quede en su corazón para saberse más libres porque se saben muy queridos. El clima del hogar en verano debe ser relajado con horarios pensados y con la participación de todos porque todos padres e hijos necesitamos cargar pilas. Por ello los padres siguen marcando límites pero con comprensión. Los dogmatismos no entran en educación.
Os recomiendo el libro editado por Eunsa del que os adjunto cubierta. Si tenemos orden todo fluye con normalidad y el peso de las tareas se reparte mejor. Os dejo unos párrafos de "Autoridad y libertad en la educación de los hijos":
- “No se puede ser a la vez tirano y consejero”,
dice Gandalf en El Señor de los anillos,
de Tolkien. Una frase como esta ya nos predispone a entender que no hemos de
tiranizar a los hijos sino acompañarlos. Apreciamos mucho nuestra libertad
personal. Todos nos enojamos cuando nos presionan, nos controlan o nos quieren
organizar. ¿Por qué no nos aplicamos este pensamiento y valoramos las
diferentes maneras de actuar de
nuestros hijos para ser sus amigos y consejeros en lugar de unos “mandones”?
Si es necesario dar nuestra opinión para evitar un
mal, seguro que lo tendremos que hacer; pero, si queremos ser personas
prudentes y discretas, no nos tendríamos que permitir el lujo de invadir
espacios que no nos corresponden, ni haría falta dar nuestra opinión
continuamente al hijo adolescente, a un familiar, al compañero o al amigo. Si lo
hiciéramos quizás coartaríamos su iniciativa y su libertad y no seríamos lo
bastante respetuosos con su intimidad.
Los padres, antes de tomar una decisión, tenemos
que preguntar y asesorarnos. No es conveniente ir tan seguros y prepotentes por
la vida que parezca que no necesitamos nada de nadie (es ridículo aquello de “a
mi nadie tiene que decirme cómo tengo que guiar a mi hijo”). Si no escuchamos
nos equivocamos: quizás esa vecina a la que dejamos el niño cuando necesitamos
salir sin él, y que ve cómo juega y se comporta con sus amigos, nos podría dar
algunas ideas para saber tratarlo mejor.
No seamos dogmáticos. Hoy, para convivir
democráticamente con los que nos cobijamos bajo el mismo techo, hemos de saber
captar las distintas sensibilidades a fin de no quedarnos con prejuicios,
etiquetas o criterios desfasados sobre el día a día de nuestros hijos en la
escuela o en el tiempo de ocio.
Recordamos una película en la que se ve una
cualidad que ayuda a combatir el autoritarismo: la flexibilidad. Se trata de Billy Elliot, que dirigió Stephen Daldry
en el año 2000. El guionista, Lee Hall, se había inspirado en unos hechos
acaecidos durante su infancia, en la década de 1980, una época dura para la
clase obrera inglesa.
Sintetizo el argumento: Billy, un niño de once
años que vive en un pueblo minero de Inglaterra, frustra las expectativas
familiares al preferir la danza al boxeo. El profesor de boxeo cuenta al padre
de Billy que éste no asiste a clase; el padre, enojado, le riñe un día que lo
encuentra en la clase de ballet. En casa se produce una escena violenta con
frases subidas de tono. El padre, un rudo minero, no puede entender que Billy
dedique parte de su tiempo a una actividad que no tiene (según él) nada de
masculina, y recuerdo que le dice: “Hijo, a partir de ahora te olvidarás del
ballet... Yo me rompo el espinazo por cincuenta peniques y tú... ¡No, desde hoy
te quedarás aquí a cuidar a tu abuela...!”
Billy, al recibir este rapapolvo de su padre, se
escapa de casa y baila y baila por las calles; una escena preciosa, por cierto.
El padre resuelve los conflictos a partir del
autoritarismo y la agresividad. Por el contrario, Billy busca negociar y pactar
para conseguir su objetivo.
En este drama, finalmente, el padre rectifica y
queda extasiado ante el talento de su hijo, que triunfa en la danza
profesional. Descubre un mundo que no conocía y, con la colaboración de su hijo
mayor, apoya con decisión el sueño de Billy de “volar como un pájaro”. Un
hombre duro como el padre de Billy ha sabido claudicar y ha dejado de
proyectarse en su hijo".
Hasta aquí estos párrafos.
Los padres seguimos educando y no somos dogmáticos. La flexibilidad nos ayuda a los padres a reconocer nuestros defectos a pedir perdón y a tener una mirada de cariño hacía todos los hijos... especialmente a aquel niño que ha suspendido o que tiene menos facilidad para ser agradable.
Buen humor, ser positivos, comer juntos con sobremesas sin móbiles... pequeñas propuestas con las que os deseo de corazón unas felices vacaciones.