divendres, 30 de setembre de 2011

Tres alegrías



Tres alegrias

“De puntillas y boquiabiertos, miramos los abuelos de todo el mundo el nacimiento de un nieto. Tenemos la curiosidad propia de una vida que comienza y que da continuidad a la nuestra”
Victoria Cardona
(“Conciliar la vida familiar”. Editorial Styria) (“Som avis”. Editorial Mina))

El año 2008 me editaban en la editorial Mina el libro: “Som avis” y posteriormente su traducción al castellano por Editorial Styria: “Conciliar la vida familiar”, un título interesante: ¿Quién puede poner en duda que los abuelos somos los mejores conciliadores?

Había tenido el gozo de ser abuela y me gustó escribir sobre temas sencillos y sobre temas extraordinarios.
Sencillos, porque si vivimos sin tocar de pies a tierra, podríamos evadirnos de la realidad: adaptarnos a los cambios, aprender a guardar silencio o a no dar consejos si no nos los piden.
Extraordinarios, ya que ver el nacimiento de una criatura que perpetúa nuestras raíces no deja de ser un hecho maravilloso. Es una persona que nos da la oportunidad de contemplar el don de la vida y de agrandar nuestra capacidad de amar, que no es poco.

Entrar en el juego de dar y recibir amor no tiene precio. Y lo que no tiene precio es lo que realmente tiene valor.


Estos días he recibido tres cosas que me han llenado el corazón da agradecimiento:
La primera alegría ha sido la reciente edición del libro Som avis en la colección LaButxaca (con su cubierta ilustro este post). Este estudio mío y experiencia mía lo tenemos al alcance de todos los bolsillos de padres jóvenes y de abuelos en todas las librerías. Un libro que habla, sobre todo de la comunicación intergeneracional y que puede ayudar a saber vivir con tranquilidad el nuevo rol que toca a padres y a abuelos primerizos.

La segunda alegría ha sido recibir de Albert Domènec una entrada en su blog “Piscolabis librorum”. El ella explica extensamente el libro del año 1934 en que el hermano de mi padre Miquel Cardona, (quelus), ilustraba el cuento “3 al Pol” (3 en el Polo) de Ángel Ferran y del que os adjunto el enlace.



Y, la tercera alegría, es que he quedado finalista en los Premios Blocs Cataluña 2011 con mi bloc “La convivencia, un trencaclosques”. El resultado definitivo se sabrá en la Seu d’Urgell el dia 1 de octubre de 2011.

Deseo que estas pequeñas ilusiones mías os hayan evocado vivencias vuestras igualmente bonitas.

dijous, 22 de setembre de 2011

Competir...

Habia enseñado siempre a mis hijos que lo importante de un trabajo en equipo o de una competición deportiva era participar. En broma, cuando quería quejarse alguno de los mios ya se adelantaban con un: "-si mamá, ya sabemos que lo importante es participar".
Bien que hubiera aprendido la lección. No hacia falta ganar pero si poner el esfuerzo para que alcanzar el objetivo.
Hoy queria deciros que he quedado finalista en la competición con blocs de Cataluña de este año 2011 en la categoria EDUCACIÓN.
Os dejo el enlace mi bloc...
Me ha hecho ilusión comentarlo con vosotros. Seguir con temas de orientación familiar. Recibir comentarios de padres, poder hablar de los libros que escribo, comunicarme. Esta es la intención de mi bloc.
Hoy os dejo el enlace. Era importante participar:
http://criatures.ara.cat/laconvivenciauntrencaclosques/

dimecres, 14 de setembre de 2011

Enfados en la adolescencia

Enfados en la adolescencia

“Nuestra mayor gloria no consiste en no caer nunca, sino en levantarnos cada vez que caemos”Oliver Goldsmith

Enseñemos a nuestros hijos adolescentes a dominar sus enfados cuando no obtienen lo que quieren inmediatamente. Conozco muchos matrimonios que acostumbran a ser austeros con sus hijos, aunque tienen medios económicos para adquirir de inmediato lo que deseen, pero les hacen esperar hasta su aniversario o su santo para concederles el regalo que piden. Y aunque pongan mala cara no ceden a sus caprichos.

Un defecto de los adolescentes de hoy es que exteriorizan con más enfado – por no decir impertinencia - sus deseos. Muchos padres rieron esta gracia de la espontaneidad con demasiada frecuencia cuando estos adolescentes eran pequeños. En algunos aspectos esta espontaneidad es correcta ya que si lo comparamos en épocas anteriores y, si somos positivos, podemos decir que nos tienen más confianza.
Llegaremos a la conclusión que: espontaneidad, sí. Impertinencia, no.

Conviene hacerles ver que las emociones conviene mantenerlas en la justa medida: disgustos desproporcionados, tristezas excesivamente largas o inmotivadas pueden estar pidiendo, en algún caso, alguna ayuda externa para los padres, del tutor o del psicólogo del colegio. Una ayuda a la que recurriremos después de analizar entre padre y madre su situación con mucho interés para que nos puedan entender mejor.

¿Podría ser que les hemos caído del pedestal?:

Apoyemos en vivir estas actitudes:

1. Que nos vean con defectos. Hacerles ver, con naturalidad, que a nosotros también nos cuesta cumplir con nuestras obligaciones y que cometemos errores.
2. Pedir perdón. Si nos hemos alterado delante de ellos reconocerlo, sin olvidar que “es de sabios, rectificar” y que si se ha metido la pata se quita y recomenzamos. Los adolescentes necesitan ver que somos humanos y no nos enfadaremos si nos dicen: “¡tu aquel día también...!” Al revés aprovecharemos para hacer broma y reconocerlo.
3. Hacerles entender que confiamos en ellos, a pesar de los pesares. Con el buen espíritu deportivo de: “ahora caigo, ahora me levanto”, padre, madre y adolescente, seguiremos unidos para ganar el mejor partido.

Como siempre, reconocemos que los padres también debemos esforzarnos para regular nuestros enfados y que muchísimas veces estaremos dispuestos a con “perdona hijo, me he equivocado”, volver a empezar con el optimismo diario. La mejor valentia según la frase que encabeza esta pequeña reflexión.