diumenge, 4 de desembre de 2016

Tiempo de comunicación y de diálogo con los adolescentes


                                          (Foto de Victoria Cardona)

Para un buen diálogo y una mejor comunicación

Lo importante es saber cuando hablar y cuando quedarse callado.
Séneca

Mes de diciembre. En Navidad tiempo de fiestas, de conversación en la sobremesa después de una comida familiar, de algun paseo, de ver una película y luego comentar pero sobre todo de fortalecer el clima de confianza en casa. ¡Que no falte el cariño, la escucha y la empatía de los padres para con los hijos, especialmente en su etapa adolescente..!

Lo primero a tener en cuenta es que para que haya un buen diálogo es saber escuchar. Si se pretende conseguir una buena comunicación es muy importante ir con la sencillez de quién quiere ayudar, nunca imponer.

Pautas para llegar a establecer un buen diálogo, especialmente en la etapa adolescente de nuestros hijos:

—No interrumpir y tener paciencia. Esto vale para todas las edades, desde el hijo o hija que casi no sabe hablar, pero nos quiere pedir algo hasta el adolescente que nos quiere explicar un problema o una alegría y lo hace de una forma acalorada. Por ejemplo, nos están explicando una cosa y nosotros nos preocupamos más de la forma gramatical que están empleando que del contenido de lo que nos explica y de los sentimientos del hijo; mal haríamos sí corrigiéramos la gramática a media explicación porque quizás «cortaríamos» la espontaneidad.

—Cuidar el lenguaje no verbal. La mirada y el gesto ocupan un papel primordial. Mirar a los ojos de nuestro hijo y aprobar afirmativamente con el gesto para animar y demostrar que nos interesa lo que nos dice; con la mirada de los padres se puede demostrar interés y afecto y descubrir, en la de los hijos, todo su estado de ánimo. Mirada y gesto establecen la complicidad de la amistad y de la confianza mutua.

—Saber preguntar. Conviene hacer una pregunta de manera positiva para asegurarnos de que nos enteramos y entendemos lo que nos dicen; también sirve preguntar para captar el nivel que tienen de entendimiento del tema que sea y, por lo tanto, adelantar informaciones sobre sexualidad, diversiones, adicciones a juegos, «chats», Internet... aprovechando los momentos de ocio y tranquilidad para tener estas conversaciones y dar información y criterios a seguir.

—No mirar el reloj. Para los hijos es muy importante que demostremos un interés real por sus cosas; tenemos buenos momentos para comunicarnos sí los sabemos aprovechar aunque la experiencia nos diga, que el «momento» del hijo quizás no coincide con el nuestro, pero la atención a las personas de nuestra familia es siempre nuestra primera y amable responsabilidad.

—Vivir la discreción. Muchos hijos adolescentes se quejan de que los padres cuentan a los demás las cosas íntimas que les han confiado. Seguro que los padres no actuamos con mala intención al hacerlo, se puede hacer o para vanagloriarse o para quejarse pero se comprende que es un defecto que indica poca comprensión y respeto para los sentimientos de los hijos.

—Escuchar no es oír. Escuchar significa esforzarse para comprender lo que se nos dice sin interrupciones.

—Conviene saber callar para no invadir los espacios de intimidad de nuestro adolescente y darle tiempo a reflexionar.

—No ser pesados ni insistentes. Expresarse con palabras claras, precisas y concretas.

—Hemos de crear vivencias compartidas. Un diálogo nunca es un monólogo.


—Ingeniárselas para mantener una buena comunicación con nuestros hijos gracias a preguntas abiertas y afables.



Espero que os hayan sido útiles estas pautas para tener mejor relación con nuestros adolescentes…


¡Feliz Navidad y feliz año 2017 cargado de cosas buenas! 

                                           Nacimiento de la Sagrada Familia de Barcelona

Resposta al comentari d'Anna Plans: Moltíssimes gràcies per l'elogi, venint de tu és un privilegi!!!

dilluns, 31 d’octubre de 2016

El éxito escolar nace en casa

El éxito escolar nace en casa

Me parece interesante copiar este artículo de la periodista Carlota Fominaya publicado en ABC en la sección Educación/Familia a raíz de la publicación de mi libro “¿Quién educa a mi hijo?”. Son algunas de las pautas que indico para hacer  agradable el estudio en casa

“¿Qué podemos hacer desde la familia para luchar contra los malos resultados de los alumnos españoles en el Informe Pisa? Mucho. Aunque debería ser una combinación ideal de esfuerzos entre la familia, el niño y la escuela, la actitud de los padres es más importante en las notas de los hijos de lo que en un principio pueda parecer. Esa es la idea que Victoria Cardona trabaja en su libro «¿Quién educa a mi hijo?», y del cual extraemos las siguientes pautas de estudio para ayudar a nuestros hijos a rendir mejor en los estudios:

1. HACER AGRADABLE EL ESTUDIO: Esto significa animarlos con comentarios como: 
«¿Qué toca hoy?, si puedo te echo una mano...», «no tendrás interrupciones», «aprovecha ahora que tienes el ordenador libre por si has de buscar algo por internet...». 
Nunca haremos comentarios que desprestigien la autoridad del profesor como, por ejemplo, «esos profesores te ponen demasiados deberes», o bien que preocupen a nuestro estudiante: «¡Mira cómo trabajan tus padres para pagarte un buen colegio!». Si ha de realizar algún trabajo, procuraremos que nuestro hijo no sea adicto al cortar y pegar, sino que la lectura sea instructiva y sirva para adquirir conocimientos. «Aunque los estudiantes que leen ficción tienen más probabilidades de lograr una puntuación alta, son los estudiantes que leen una gran variedad de materiales los que consiguen hacerlo realmente bien», dice textualmente el informe PISA. Es un consuelo saber que el fracaso escolar no se debe a la utilización que hacen de las redes sociales; sin embargo, conviene que en casa establezcamos un horario para la comunicación en la red con sus amigos, que sea distinto del tiempo de estudio, igual que hacemos con alguna actividad extra escolar y con algún deporte que practique.

2. DISPONER DE UN ESPACIO ADECUADO. Hay que intentar disponer de un espacio en el hogar para el estudio de nuestros hijos, que siempre sea el mismo.
Sin música, sin ruidos, sin iluminación; a la vez, como cada uno es diferente, debemos distinguir al que sabe estar concentrado durante mucho tiempo del que necesita hacer pausas de descanso y reanudar los deberes o el estudio. En las familias con pisos pequeños, se puede arreglar un espacio para estudiar, aunque sea la mesa de la cocina o del comedor, con la única condición de establecer un horario par ano tener que cenar con los libros ocupando la mesa. Para no dispersarlos, no podemos interrumpirlos a cada momento. Lo que sí podemos hacer es preguntarles lo que han memorizado; de esa forma sabremos si han aprendido a resumir y sintetizar, y si han reflexionado sobre lo que están estudiando. Sería ideal que no tuvieran el ordenador abierto mientras estudian, a no ser que estén buscando en la red algún documento relacionado con el estudio. Cuando nuestro hijo lee detenidamente, aprende. Concentrarse en el estudio es una tarea que los padres tenemos que facilitar. Nuestro hijo necesita su rincón.

3. APOYAR A LOS PROFESORES. Escuchemos y secundemos lo que nos dicen los profesores sobre nuestro hijo. Si no supiéramos la versión del colegio podríamos dejar de lado a aquel hijo o hija que, con más dificultades, necesita más tiempo para aprender y, por tanto, más atención de nuestra parte y —en caso necesario—, de profesores o especialistas del lenguaje; incluso puede suceder que otro con más facilidad para el estudiar se convierta en perezoso por no realizar ningún esfuerzo.

A estudiar se aprende estudiando

—En las calificaciones escolares, procuremos fijarnos más en el esfuerzo que en las calificaciones de nuestro hijo para obtener mejores resultados.
—Cuando el alumno está motivado y es valorado por su familia y por su profesor, responde mejor a todas las tareas escolares.—Las motivaciones que demos a nuestro hijo deben ser menos materialistas y más fundamentales, como recibir la gratificación por el trabajo bien hecho y aumentar así su propia autoestima.—Estimular en el interés por el estudio y secundar lo que pide en el colegio.—Nuestro hijo necesita una amplia cultura para tener más medios para ser más libres; la ignorancia es mala consejera, porque coarta su capacidad de elección”.
—Orientémosle en los deberes de casa, pero dejemos que sea él quien los resuelva


dimarts, 16 d’agost de 2016

... entre hermanos

Entre hermanos....



Entre hermanos...

 

 

"Cuando dos hermanos trabajan juntos las montañas se convierten en oro."

Proverbio chino


Hace poco en un parque público observé a un niño de unos cinco años con su cabeza literalmente introducida dentro de un cochecito al lado de una mujer joven. La escena era curiosa, ya que tan pronto el niño sacaba la cabeza, se escuchaban gritos de alegría.

Me acerqué… Dentro del cochecito, una pequeña de seis meses se lo pasaba en grande jugando con los cabellos de su hermano mayor. Y él también se alegraba mucho frente al descubrimiento que había hecho arrancar tantas risas a su hermana.

Diversas circunstancias personales hacen que no se puedan tener hijos, o bien que dos personas que querrían más se hayan de conformar con un hijo único. Pensemos que es fundamental rodear al que no tiene hermanos de primos o de amigos, entre los cuales haya una criatura pequeña, que se pueda sentar en el regazo, siempre que no haya peligro de que se le caiga, claro… para mirarlo o jugar con él. La ventaja de los que tienen hermanos pequeños es poder mirar con cara de sorpresa las gracias de las niños recién nacidos y compartir la necesidad de afecto y reconocer los sentimientos del pequeño, aunque éste no se exprese verbalmente.

Este tipo de relación ayudará a los críos de ahora a ser personas con empatía y agradables para las relaciones familiares, sociales y profesionales en el futuro. (Sobre este aspecto aconsejo que visitéis el portal del programa “Raíces de empatía”, fundado por Mary Gordon, y que imparte a escuelas de Canadá: www.rootsofempathy.org.)

No todos los matrimonios jóvenes puedan tener familias numerosas; eso es comprensible. Problemas de salud físicos o psíquicos, situaciones inestables por falta de trabajo o sueldos escasos, rupturas matrimoniales, etcétera, pueden contribuir a no lograr este reto aventurado —pero bien recompensado— para el desarrollo integral de los niños.

Las ventajas de las relación entre hermanos son visibles: protección del hermano mayor respecto al pequeño, ternura que desarrolla el pequeño con el mayor, risas juntos, peleas juntos, consolarse uno al otro, ceder más de una vez, corregirse de un comportamiento celoso, aprender a compartir juguetes, el conocimiento de maneras de ser y de hacer diferentes y un largo etcétera.

Me decía un padre joven, que ya tenía tres hijos (el mayor de ocho años, el mediano de seis y el pequeño de dos): «Los domingos soy el encargado de preparar la comida y la cena; mi especialidad son las paellas o la carne asada y la pechuga de pollo rebozada por la noche.

La tarea de mi mujer consiste en preparar la ropa de los niños para el regreso el lunes a la escuela. La tarde nos queda libre para actividades de descanso con los hijos. Yo estaba en la cocina con el aceite caliente en la sartén. En la habitación de juegos se escuchaban gritos y lloros. Ni mi mujer ni yo podíamos acudir inmediatamente. Cuando fuimos, se había acabado el alboroto.

La paz y el juego continuaban su ritmo. Con tres hijos, muchas situaciones problemáticas se solucionan solas. Y… ¿sabes lo que más me gusta?, que con frecuencia se piden perdón, es un objetivo que nos hemos marcado con mi mujer desde que hemos iniciado nuestra vida en común: pedirnos perdón cuando nos faltaba la serenidad y, así, con nuestro testimonio, hacer que los niños aprendan…».

Frente a esta explicación le di las gracias y una palmadita en la espalda. Mientras caminaba de regreso a casa reflexioné, muy agradecida con la anécdota y, también, volví a reconocer que el perdón y el agradecimiento son dos valores fundamentales para transmitir siempre, para conservar y llevarlos a la práctica. ¡Sí!, hemos de ser conservadores, no en el sentido empleado a veces con sorna, sino en el de tener una existencia plena, saber perdonar y ser agradecidos, ya que esto abre muchas puertas a la felicidad: la nuestra, la de nuestros hijos, la de nuestros nietos y la de nuestras familias.



dimecres, 20 de juliol de 2016

Necesidad de autonomía en la primera infancia


Necesito autonomía: “Yo solo

 

«Despacito y buena letra, que el hacer las cosas bien importa más que el hacerlas».

 

En un blog de educación detectamos el interés que suscita un tema por el número de comentarios y por las opiniones que recibe. En mi blog sobre la convivencia, el día que escribí sobre la edad de la autonomía de nuestros chiquillos no daba crédito al número de visitas que tuve. Era natural. Mientras nuestro pequeño recibe de los padres, sin mostrar rechazo, toda clase de ternura, demostrada con caricias, besos, abrazos o se queda tranquilamente dormido en la cuna después de unos cuantos balanceos y arrullos, todo es fácil y entrañable. El desconcierto surge cuando nos indica que se opone a sus padres con un arrebato.

A partir del año y medio o los dos años, los niños empiezan a querer disfrutar de su autonomía, que debe incentivarse en lugar de «cortarle las alas».

Por eso doy pequeñas soluciones para ayudar cuando sus pataletas y su oposición empiezan en casa. En la escuela infantil, tienen medios para solucionarlas sin tanta dedicación, porque los niños tienen actividades en grupo, y a esta edad de la imitación que surge a partir del año y medio o dos siguen las indicaciones de su maestra con más rapidez, como nos comentará más adelante una de ellas. 

Las pataletas, normalmente, coinciden con el hambre, el sueño, algún capricho al que no podemos ceder o por la incipiente necesidad de autonomía de nuestro pequeño. Una manera de evitarlas o reducirlas será tener mucha calma, observar qué las origina y no perder la serenidad.

Me comentaba un matrimonio joven: «Antes de acostarlo, hace unos días que le recordamos que cuando se levante no debe chillar ni llorar, que nosotros iremos a buscarlo para darle el desayuno si no chilla… y parece que funciona. Es decir, antes de acostarlo, cuando está tranquilo, hablar con él de lo que tiene o no tiene que hacer, todo con la finalidad de mantener la autoridad y de evitar rabietas».

Es importante que los padres sepamos distinguir cuándo una rabieta es por enfermedad, por ganas de llamar la atención, porque le hacemos poco caso (repasemos si le damos el afecto que requiere su edad), porque somos muy protectores y no le dejamos ni respirar o porque cortamos sus iniciativas, que le supondrían más autonomía. Sus iniciativas les hacen crecer en creatividad y habilidades personales.

Es importante que nuestro hijo vaya consiguiendo autonomía, aunque para ello tenga momentos de enfado. Todos hemos visto pequeños contrariados porque no les dejamos comer solos, o porque no consiguen ponerse los calcetines. El «yo solito» va triunfando, y nosotros contestamos: «Yo lo hago más rápido y mejor…».

En una escuela infantil le preguntaron a un niño de cinco años que definiera lo que era para él un abrigo. Y contestó: «Es la prenda que me hace poner mi abuela cuando ella tiene frío».

A todo esto nos preguntamos: ¿acabamos con alguna iniciativa de nuestros pequeños o tienen pataletas para llamar la atención y conseguir algo que no les damos? ¿Qué hacer? Siempre: lo que les eduque más.

No siempre tenemos claro qué es más beneficioso para ellos, y lo podemos confundir con lo que resulta mejor para nosotros. Nos puede servir de ejemplo la situación frecuente en la que los niños interrumpen con insistencia las conversaciones de los mayores. Tiran de la ropa, gritan, lloran, y con tal de que nos dejen tranquilos escuchamos su mensaje: «Quiero un donut». Y le contestamos razonando que ni tenemos ni hay tiendas a nuestro alrededor. Pero él insiste, dejamos la conversación y nos vamos con el niño. ¿Qué mensaje le hemos enviado? Que su pataleta y lo que nos pide es más importante que nuestra conversación.

Siempre ante una rabieta lo mejor es esforzarse en la paciencia y, por tanto saber esperar, sin perder la calma.

Conviene conservar la calma, asegurarse de que no se haga daño, que no rompa nada y seguir a su lado sin inmutarse, sin reñirle ni insistir en que se calle y, mientras, pensar por qué tiene la pataleta.

Os dejo un pequeño ejemplo para finalizar aplicable a cualquier otra situación. ¡Cada uno vive las suyas!

Por ejemplo: ¿se ha quitado los zapatos y te está pegando porque se los quieres poner?; Espera. Que vaya descalzo. Se los pondrá de inmediato cuando anuncies alguna novedad: salida al parque, hora de juego, hora de dibujos animados... y, entonces, podrá comprender que no tendrá estas gratificaciones hasta que se ponga los zapatos.
Y... aquí os dejo a nuestra amiga Mafalda en plena rabieta. ¡Feliz verano!

 

 

dimarts, 10 de maig de 2016

Afectividad y sexualidad (3). Salidas de noche adolescentes ... noches de insomnio padres.




    Afectividad y sexualidad (3)
       Noches de insomnio... para padres y para hijos...
     “Vigilar el mal incipiente antes de que tenga tiempo de madurar”.
     Shakespeare:

Me han pedido algunos amigos del blog que escriba sobre las salidas nocturnas, a través de algunas experiencias, y así lo hago, sin olvidar que tenemos que ser firmes para no relativizar este tema. La noche.es amiga del alcohol, de satisfacer alguna curiosidad, o de la búsqueda del placer inmediato con la droga, con el consiguiente peligro de que el adolescente pierda su claridad mental y el dominio sobre sí mismo.
A los jóvenes les parece que «todos lo hacen»: no todos lo hacen ni todos juegan con fuego. Muchos padres retrasan, tantos años como les es posible, el permiso para salir de noche, y aunque tengan disputas se mantienen firmes y se sacrifican buscando otras actividades que, a pesar de que les recorte tiempo de sus hobbies personales, se lo explican con serenidad a sus hijos y obtienen buenas respuestas por parte de ellos. Algunos padres también me dicen que sufren más por las chicas que por los chicos, y creo que se equivocan. Sin perder la serenidad debemos poner límites y educar la responsabilidad, recordando aquella frase educativa: "Toda educación es aprendizaje para la espera". Con el mismo razonamiento, se tiene que parar los pies tanto a los chicos que van presumiendo de conquistadores, como a ellas que van con intención de ser las más solicitadas y provocativas del grupo. Todos sienten atracción física, pero todos, si los hemos educado bien, tienen la voluntad entrenada a no escoger lo más fácil sino lo mejor.
Os traduzco de mi libro Enseñar a vivir (Ensenyar a viure, Pòrtic, 2006), estos párrafos:  
Todo nos conduce a pensar que este “todos lo hacen”, nos tiene que alertar para educar mejor y para enseñar a saber distinguir. No podemos ir diciendo que todo está permitido por el hecho de que lo hagan unos cuantos (a veces la minoría es la que hace más ruido).
"Gastemos" nuestro tiempo para que nuestros hijos tengan capacidad crítica y no se dejen confundir. Es en el espacio familiar donde tienen que encontrar orientaciones sobre la realidad cotidiana. Cuando se da una negativa o se tiene que retardar la salida de noche, conviene explicar el riesgo que comporta y hay que escucharlos, pero hay que mantenernos firmes. Volvamos a marcar la frontera que creemos oportuna, el límite que necesita el adolescente. Es negociar y llegar a pactos, cargándonos de nuevo de paciencia, sin perder la confianza ni el diálogo con los hijos.
Muchos padres de adolescentes coinciden en que les cuesta esfuerzo convencer a sus hijos de que retrasen las salidas de noche, pero que cuando se lo hacen entender es una alegría para ellos y para sus hijos; esto no excluye que los padres hayan hecho alguna renuncia, por ejemplo, hacer algún cambio en su lugar de vacaciones o irse todos de fin de semana a un lugar atractivo para los jóvenes o ponerse de acuerdo con otros matrimonios con hijos de edades similares y hacer actividades compartidas.
Otros padres me cuentan que cuando sus hijos salen de noche los van a buscar a las cuatro de la madrugada; los adolescentes les prohíben ir antes para no quedar mal delante de los amigos. Los padres, atemorizados, ceden cuando, justamente, es el momento de marcar horarios y de hacer cumplir las reglas de juego de la familia.
Hemos de ser más valientes y no ceder, no pueden volver de las fiestas de madrugada. Los adolescentes de trece, catorce y quince años han de dormir y tener orden, si no van adquiriendo el hábito de levantarse al mediodía del siguiente día y quedan incapacitados para estudiar o para tener un tiempo de descanso de fin de semana reparador.
Una madre me decía:
“Estoy hecha polvo. He aguantado estoicamente los gritos de mi hijo porque lo hemos castigado a no salir este viernes, ya que así se lo mandamos cuando la semana anterior llegó de día a casa...”
Ha hecho muy bien. Es un castigo proporcionado a la falta que ha cometido. Ya queda dicho que los adolescentes tienen que dormir, y las salidas de noche prolongadas les provocan faltas de atención, irritabilidad y desórdenes emocionales.
Me indicaba una amiga médico, respecto a las horas de sueño, que el promedio en la adolescencia tiene que ser de nueve horas diarias:
Mis hijos se enfadaban cuando les decía que la hormona del crecimiento se segrega en horas concretas, que los biorritmos son importantes y que es también primordial seguir unos horarios razonables y ordenados que favorezcan una buena salud física. Por lo tanto, los horarios pueden romperse sólo excepcionalmente, y está claro que una o dos veces a la semana no sería la excepción a la regla. Mis hijos adolescentes me replicaban: “¡qué afortunados son los que no tienen una madre médico que les dé la lata!”.
Os transmito más opiniones de padres que limitan las salidas:    
“Tenemos un hijo que siempre es, según él, el único en todo; ya le decimos que le han tocado unos padres que piensan en él y que algún día lo valorará. Nos consideramos dialogantes pero, realmente, no entendemos a otros padres; los amigos de nuestro hijo de quince años se pasan el fin de semana de fiesta en fiesta, y cuando hablamos con los padres nos dicen que eso no es así; pero, a la hora de la verdad, los únicos que ponemos límites somos nosotros.
Nuestra experiencia como padres ya nos ha hecho experimentar más de una vez el “soy el único que ...” Hemos hablado en cada caso sobre la petición que nos planteaba, lo hemos escuchado, pero hemos sido firmes cuando ya habíamos tomado una decisión. Ha habido lágrimas, pero también, pasado un tiempo, hemos recibido comentarios de nuestro hijo: “cuánta razón teníais, no valía la pena…”
Les hemos de dar argumentos para que sepan evitar o resolver las dificultades que encontrarán, no podemos quedarnos paralizados sin marcar ningún límite; de todas maneras tenemos que seguir orientando y acordando con diálogo la hora de volver a casa. Si no tu hijo y el mío, si se deja llevar por lo que le da la gana, será de los que, a la primera contrariedad, no tendrá resiliencia para afrontar nada solos.
En pocas palabras, lo más importante es ayudarlos a integrar su sexualidad en su personalidad con naturalidad. No podemos olvidar que la inteligencia y la voluntad los hacen personas capaces de no dejarse dominar por los impulsos y ser responsables de sus acciones. Con serenidad y comprensión en esta etapa de su vida los padres nos pondremos a disposición de nuestros hijos con una dulce exigencia sin tirar la toalla. Siempre “exprimiéndose la cabeza” para buscar alternativas que eviten que las salidas de noche creen un hábito en la vida de nuestros adolescentes.




dimarts, 19 d’abril de 2016

Sant Jordi en Barcelona



(En la entrada anterior sobre Afectividad y sexualidad os comenté que os dejaría mi "paseo" por las paradas de libros de San Jorge de Barcelona.
Si os es posible agradecería muchísimo poderos saludar personalmente.
Un abrazo virtual... espero que pueda ser REAL el del día 23 de abril ...

12h – 13h: Associació de veïns del Farró. Llibreria Atzavara. (Plaça Mañé i Flaquer - Sant Gervasi)
13’30 – 14’30: Llibreria Odessa (Francesc Carbonell, 45 -Sarrià)
17h – 18h: Parada Meteora (Passeig de Gràcia, 81 - Eixample)
19h – 20h: Llibreria Garbí (Via Augusta, 9 -cerca de Diagonal)


dimarts, 12 d’abril de 2016

Afectividad y sexualidad (II)


Afectividad y sexualidad (2)





Afectividad y sexualidad (2)

Seguimos con el tema iniciado en otra entrada del bloc para reflexionar sobre la afectividad y la sexualidad en la educación de los hijos.
Me viene a la mente el verso de Antonio Machado:
¿Tu verdad?
No, la Verdad.
Y ven conmigo a buscarla
la tuya la puedes guardar

Sin banalizar la sexualidad
No queremos, que nadie externo a la familia reduzca el sentido de la sexualidad; no queremos que la banalicen... ¡Ya me dirás qué bien puede hacer a nuestro hijo ser tratado como un objeto, cuando es una persona con inteligencia, sentimientos, voluntad!
No podemos abandonarlo a la información que recibe fuera del espacio de la familia desde páginas web, libros, guías y vídeos, ni en una clase para aprender a ponerse un preservativo. Tampoco la sexualidad puede quedar reducida a un fenómeno lúdico ni a la moda de explorar nuevas formas de prácticas sexuales. He tenido conversaciones con chicos y chicas de quince años que, después de haberlas practicado, han quedado afectados psicológicamente cuando han escuchado un: «hemos terminado» sin ninguna otra explicación. 
Me preocupó lo que escuché de una psicóloga en una entrevista radiofónica:
“Cuando estamos fuera un fin de semana telefoneamos a casa diciendo que llegaremos dentro de una hora. Así, mi hijo, que se ha quedado en casa con una amiga del instituto, ya está avisado”.
Del mismo estilo es el comentario de aquel padre que me contaba con aire de progre, rico y moderno: «He pagado el hotel de dos días y dos noches a mi hijo, para que vaya con una amiguita a pasar el fin de semana». Una minoría de padres ven al adolescente como una criatura que vive el mejor momento de su vida, «para pasárselo muy bien, sin ninguna responsabilidad»; diríamos que casi les da envidia no estar en su lugar y lo expresan así: «que lo pase bien ahora que puede...».
Frases como: «Sé OK, no seas K.O.» o «quiero ser singular», eslogan de una comarca de Tarragona para que huyan de los peligros del alcohol, me parecen más positivas.
Por desgracia, el consumo de alcohol va en aumento, como lo demuestra el resultado de una encuesta de la Fundación Alcohol y Sociedad de España: El 47% de los adolescentes aseguran que sus padres saben que consumen alcohol, mientras que sólo un 20% dicen que sus pares no son conscientes de que lo hacen. Una se pregunta: ¿quizá no los abrazamos cuando vuelven de noche? ¿No sabemos que si están bebidos pierden el dominio sobre su persona?
Muchas veces hemos de animarlos a no querer ser iguales a Kate Moss o a Pete Doherty, algunos de sus ídolos, amigos de drogas y el alcohol, como decíamos en el capítulo anterior. La gracia está en la originalidad y en tener personalidad, no en seguir a una hipotética mayoría.

Vivir la Naturalidad y sinceridad
Si sabemos decir «no» al maltrato o a la violencia cuando vemos una película donde la gente se mata sin pensarlo, ¿por qué no podemos decir «no» a una sexualidad desvinculada de la afectividad que conduce a una visión incompleta de la misma? Normalmente los hijos escuchan, lo agradecen, lo piensan y se «les queda» para estar en condiciones de tomar sus decisiones con libertad responsable.
El hombre es libre cuando sabe escoger, y los padres tenemos que hacer entender a nuestros hijos que la liberación sexual y la promiscuidad son opciones que no liberan, sino que esclavizan.
Son del libro No se lo digas a mis padres (Ariel, 2004) de Pilar Guembe y Carlos Goñi estas palabras:
“La promiscuidad sexual en la adolescencia se debe más al exceso de estímulos externos que no al desajuste hormonal de esta etapa (…). Llegados a cierta edad, podemos hacer ver a nuestros hijos que, aunque tengan la madurez fisiológica suficiente para mantener relaciones sexuales, no tienen la madurez psicológica ni personal suficiente para desarrollar su sexualidad”.
Debemos vivir la confianza para hablar con nuestros hijos siempre y en todas las circunstancias. Nos podría parecer más complicado hablar de sexualidad cuando los padres están separados, pero se puede hacer perfectamente si se apartan los rencores mutuos en bien del hijo y acuerdan, con seriedad, la manera de dialogar con él para ayudarlo sin que quede afectado por la separación.

Nuestro hijo debe estar en medio de nuestras peleas, lo harían sentir incómodo y culpable. Si no se evitar por alguna anomalía en la relación, convendrá recurrir a ayuda externa, comenzando por los abuelos, que son personas adecuadas porque quieren a los nietos, a un hermano mayor, un tutor de la escuela, un psicólogo o un mediador de confianza.
(Proximamente "entrada" 3 y firmas Sant Jordi en Barcelona)