dissabte, 25 de gener de 2014

Es súper útil la red aunque sabemos de sus riesgos.


Riesgos en la red

Todos conocemos las ventajas de las redes sociales como escribe sobre este aspecto, Lawrence E. Shapiro, psicólogo, que tiene unos magníficos libros para aprender a tratar a los hijos:
Los servicios de Internet y on-line han abierto nuevos caminos para que los niños aprendan y se comuniquen… los padres deben tomar algunas precauciones si sus hijos pasan demasiado tiempo en el ciber espacio… pero, el peligro más grave recaería en los niños que quedaran atrasados por no gozar de acceso a las nuevas tecnologías”.



Todos necesitamos las redes y sabe mal que haya personas que no puedan acceder a ellas. Sin embargo, encontramos situaciones de riesgo que conviene conocer. La estadística hecha a nivel europeo en enero de 2013, que ha contado con la colaboración de la asociación Protégeles, nos habla de pornografía: el 58,8% de los adolescentes europeos de 14 a 17 años ha encontrado imágenes pornográficas en Internet. El 32,8% de esos menores consideraron la experiencia muy negativa. El 21,3% de los adolescentes españoles está en riesgo de desarrollar una adicción a Internet debido al tiempo que dedica a navegar por la Red, en comparación con el 12,7% de la media europea. Una llamada de atención para todos los padres.

Alarma leer noticias sobre el fenómeno llamado hikikomori (en castellano podría traducirse como «aislamiento»). En Japón se han contabilizado 1.200.000 jóvenes con un grave trastorno social que les empuja a recluirse en su habitación. Normalmente, son hijos únicos o primogénitos que se sienten presionados por la sociedad y que, al creerse incapaces de interpretar los roles sociales que se les exigen, reaccionan con el aislamiento. Son jóvenes de clase alta a quienes sus padres se lo han dado todo; y ahora no hablan con nadie, a duras penas con sus familiares. El mundo exterior no les interesa. Lo peor es que pueden estar encerrados años por miedo a salir. Todo un drama: ¡cómo nos duele el corazón! Vi en un reportaje a la madre de un chico japonés que decía: “se baña cada seis meses y la habitación en la que está recluido, a la que no puedo entrar, está llena de porquería...”.

Aparecido con fuerza en el mes de enero de 2013 tenemos el Informer. Son páginas anónimas de Facebook del ámbito escolar y universitario, en las cuales los alumnos pueden enviar a los administradores de la página sus chismes e insultos para que se publiquen en el “muro” desde el anonimato. Las publicaciones van desde declaraciones de amor, humillaciones de alumnos e insultos, hasta quejas del personal de la escuela o de las facultades universitarias.
El Informer es grave por su anonimato y por esos ataques durante la adolescencia, en la que los jóvenes son más vulnerables porque están buscando su identidad, una identidad que puede quedar dañada por rumores inventados o humillantes. Y aun es más grave cuando se vierten comentarios en los que predomina el trato a la mujer como objeto sexual. Nos preguntamos: ¿el anonimato fomenta conocerse o fomenta la cobardía y la hipocresía?

Para conocer otros peligros de la red como el ciberbullying, el grooming o el sexting os dejo el enlace: Pantallas amigas
http://www.pantallasamigas.net/ con vídeos para enseñar a navegar a los hijos. Me han comentado muchos padres que estos vídeos les han ido bien para explicarlo con ellos al lado para -sin forzarles- darles criterios.

divendres, 17 de gener de 2014

Reyes. Silencio y contemplación.

El arte de guardar silencio. Ponderar la belleza

“Y he aquí que la estrella que habían visto en el Oriente iba delante de ellos, hasta que llegando, se detuvo sobre donde estaba el Niño. Al ver la estrella, se regocijaron con gran alegría. Y al entrar en la casa, vieron al Niño con su madre María, y postrándose, lo adoraron; y abriendo sus tesoros, le ofrecieron presentes: oro, incienso y mirra”.

Evangelio de San Mateo

Tenemos en este mes de enero la Festividad de los Reyes Magos, unos magos que, contemplando el cielo, siguieron el camino que les indicaba la estrella hasta llegar a la Cueva de Belén. Arrodillados y recogidos en silencio adoraron a Jesús-Dios, un Niño como cualquiera de los nuestros necesitado del apoyo, cariño, ternura y necesitado, también, de sentirse arropado por los brazos de sus padres, la Virgen María y San José. Todo un Misterio de Amor.

Los Magos nos dan un ejemplo del arte de guardar silencio ante la contemplación de la belleza. Un ejemplo que nos ayuda a agradecer las fiestas de Navidad en las que muchos padres, abuelos y nietos nos damos cita en torno al Belén de corcho, musgo y figuritas de barro para celebrar el Nacimiento de Dios. El bullicio ha entrado en nuestras casas: villancicos, poemas, regalos, conversaciones de sobremesa, brindis recordando a los que ya no están entre nosotros y, sobre todo, mucha ilusión y alegría por estar juntos. Probablemente, valorar la belleza de estos días nos ha ayudado a ponderar la importancia de la familia y de los vínculos afectivos que se crean en ella.

También se ha creado un ambiente propicio a la belleza gracias al trabajo de todos. Sin dedicar tiempo a las comidas festivas, a la decoración navideña, al esmero en hacer el pesebre con la colaboración de los pequeños, al esfuerzo por vivir las tradiciones que nos legaron, etc., no hubiera sido posible contemplar la bondad de estos días vividos en familia. Una contemplación que también nos recuerda –como cuenta el Génesis- la mirada complacida de Dios ante la creación. En el séptimo día, Dios, al ver que lo que había creado era bueno y era bello, descansó y contempló la obra creada de la nada.

Tú y yo también buscamos tiempo para la contemplación del trabajo hecho en casa para ser útiles a los nuestros, y del trabajo profesional hecho con pulcritud. Muchas veces las prisas nos restan tiempo de descanso para ponderar en silencio lo que tenemos y lo que vivimos.
Ponderemos y contemplemos, desde el interior de nuestro corazón, toda la bondad de estos días de Navidad, de las risas inocentes y de la vitalidad extrema que tienen nuestros pequeños y, también, de la sabiduría y silencios de nuestros mayores.

Y ahora, acompañemos a los Reyes de Oriente en su visita a Belén y gocemos en silencio del Misterio de Belén.

(Artículo mes de enero Revista Hacer Familia)


divendres, 10 de gener de 2014

Ya nada será como antes


Ya nada será como antes



Es magnífico saber que mi futuro, el de muchas cosas y el de las personas que me rodean, en cierta manera, si bien aun en pequeña medida, dependen de la decisión que yo tome en cada momento.


VIKTOR E. FRANKL



Viví la primera infancia de mis hijos con toda la ternura y conocimientos de mis estudios de maestra; en su etapa adolescente hice todo lo que el sentido común y el amor me hacían ver y, al cabo de unos años, con los hijos ya maduros, contemplé el «nido vacío» con la esperanza de que cada uno de ellos viviera feliz su proyecto de vida. Siempre he valorado su autonomía y libertad. Ser abuela me ha hecho revivir con serenidad momentos de una belleza extraordinaria, a la vez que me ha supuesto un esfuerzo para adaptarme a cambios que me llevan a afirmar con toda sinceridad: «Ya nada será como antes, pero puede ser mejor si yo quiero».

Por esto os digo: «ya nada será como antes» y el futuro es un pequeño misterio, un misterio que podréis ir desvelando y construyendo con vuestra aportación y decisiones.

Han quedado lejos aquellas preocupaciones por el llanto del bebé que reclamaba su alimento, el calendario de vacunaciones, la emoción por el primer día de guardería o la inquietud por encontrar un «canguro» cualificado que resolviera la compañía del pequeño en aquella inoportuna fiebre que os hacía planificar de nuevo vuestras ocupaciones habituales.

Se han acabado aquellos días de alegría desbordante que compartíais esposa, marido, abuelos, hermanos y tíos al escuchar por primera vez unos pequeños sonidos guturales que os parecían palabras dirigidas a cada uno de vosotros, o aquellos otros en los que, con los brazos abiertos, animabais al pequeño a dar su primer paso.

No recibiréis ya aquellos abrazos y besos espontáneos en los que la boca abierta del bebé quedaba incrustada a vuestra mejilla y os provocaba una agradable sacudida de ternura inexplicable en vuestro corazón. Ni contemplaréis sus manitas regordetas encajando con seriedad – como si le fuera la vida en ello − un cubo dentro de otro, ni aquellos primeros dibujos que os hacían sospechar el nacimiento de un artista que perpetuaría vuestro apellido.

Vuestros hijos nunca más llorarán cuando salgáis de casa ni os recibirán, cuando regreséis, con aquellos chillidos y saltitos entre nerviosos y alegres en espera de vuestro fuerte abrazo, de que os cambiéis vuestra ropa de trabajo y dejéis vuestra cartera para jugar con ellos.

No volveréis a arroparlos en la cama, a contarles el cuento diario, la canción o los juegos que inventabais con el ingenio de vuestro amor, tapándole y destapándole la cabeza con la sábana simulando sustos, ni a darles el beso de buenas noches, ni a despertarlos por la mañana para llevarlos a la guardería somnolientos.

No volverán las idas al parque vigilando que no se trague la tierra del arenero, ni las pompas con la espuma del jabón a la hora del baño, las excursiones felices con bocadillos, ni aquellas tertulias con vuestros compañeros de fatigas a la salida del parvulario.

No gozaréis del poder que teníais para decidir qué ingrediente nuevo introduciréis en su alimentación, ni de que os obedezcan con diligencia al decretar la visita del parque temático con toda la familia. ¡El poder se ha terminado!

Y ¿dónde queda aquella época de oro de los siete a los diez años, en que vuestro hijo se hacía el bocadillo para la escuela, se organizaba la vida en casa sin hacer mucho ruido e iba a las actividades que habíais pensado con vuestro esposo sin ninguna oposición por su parte?

Aquella iniciativa y creatividad de las mil trenzas que hacíais en el abundante cabello de vuestra hija o a aquel corte de pelo de vuestro hijo, construyéndole una imagen moderna y atrevida, también las habéis perdido. Tenéis que reconocer que casi, casi, lo único que os producía un desasosiego serio era, a final de curso, la coincidencia del día de la fiesta del colegio con el campeonato del deporte de vuestro hijo, escogido entre todos con tanta ilusión.

¡Ya nada será como antes pero –si queremos- podrá ser mejor!

Nuestra historia y la de nuestro adolescente dependen de nuestra forma de actuar y de las decisiones que tomemos en este nuevo papel de madre o padre de adolescente.



FELIZ 2014, Año de la família.