divendres, 10 de gener de 2014

Ya nada será como antes


Ya nada será como antes



Es magnífico saber que mi futuro, el de muchas cosas y el de las personas que me rodean, en cierta manera, si bien aun en pequeña medida, dependen de la decisión que yo tome en cada momento.


VIKTOR E. FRANKL



Viví la primera infancia de mis hijos con toda la ternura y conocimientos de mis estudios de maestra; en su etapa adolescente hice todo lo que el sentido común y el amor me hacían ver y, al cabo de unos años, con los hijos ya maduros, contemplé el «nido vacío» con la esperanza de que cada uno de ellos viviera feliz su proyecto de vida. Siempre he valorado su autonomía y libertad. Ser abuela me ha hecho revivir con serenidad momentos de una belleza extraordinaria, a la vez que me ha supuesto un esfuerzo para adaptarme a cambios que me llevan a afirmar con toda sinceridad: «Ya nada será como antes, pero puede ser mejor si yo quiero».

Por esto os digo: «ya nada será como antes» y el futuro es un pequeño misterio, un misterio que podréis ir desvelando y construyendo con vuestra aportación y decisiones.

Han quedado lejos aquellas preocupaciones por el llanto del bebé que reclamaba su alimento, el calendario de vacunaciones, la emoción por el primer día de guardería o la inquietud por encontrar un «canguro» cualificado que resolviera la compañía del pequeño en aquella inoportuna fiebre que os hacía planificar de nuevo vuestras ocupaciones habituales.

Se han acabado aquellos días de alegría desbordante que compartíais esposa, marido, abuelos, hermanos y tíos al escuchar por primera vez unos pequeños sonidos guturales que os parecían palabras dirigidas a cada uno de vosotros, o aquellos otros en los que, con los brazos abiertos, animabais al pequeño a dar su primer paso.

No recibiréis ya aquellos abrazos y besos espontáneos en los que la boca abierta del bebé quedaba incrustada a vuestra mejilla y os provocaba una agradable sacudida de ternura inexplicable en vuestro corazón. Ni contemplaréis sus manitas regordetas encajando con seriedad – como si le fuera la vida en ello − un cubo dentro de otro, ni aquellos primeros dibujos que os hacían sospechar el nacimiento de un artista que perpetuaría vuestro apellido.

Vuestros hijos nunca más llorarán cuando salgáis de casa ni os recibirán, cuando regreséis, con aquellos chillidos y saltitos entre nerviosos y alegres en espera de vuestro fuerte abrazo, de que os cambiéis vuestra ropa de trabajo y dejéis vuestra cartera para jugar con ellos.

No volveréis a arroparlos en la cama, a contarles el cuento diario, la canción o los juegos que inventabais con el ingenio de vuestro amor, tapándole y destapándole la cabeza con la sábana simulando sustos, ni a darles el beso de buenas noches, ni a despertarlos por la mañana para llevarlos a la guardería somnolientos.

No volverán las idas al parque vigilando que no se trague la tierra del arenero, ni las pompas con la espuma del jabón a la hora del baño, las excursiones felices con bocadillos, ni aquellas tertulias con vuestros compañeros de fatigas a la salida del parvulario.

No gozaréis del poder que teníais para decidir qué ingrediente nuevo introduciréis en su alimentación, ni de que os obedezcan con diligencia al decretar la visita del parque temático con toda la familia. ¡El poder se ha terminado!

Y ¿dónde queda aquella época de oro de los siete a los diez años, en que vuestro hijo se hacía el bocadillo para la escuela, se organizaba la vida en casa sin hacer mucho ruido e iba a las actividades que habíais pensado con vuestro esposo sin ninguna oposición por su parte?

Aquella iniciativa y creatividad de las mil trenzas que hacíais en el abundante cabello de vuestra hija o a aquel corte de pelo de vuestro hijo, construyéndole una imagen moderna y atrevida, también las habéis perdido. Tenéis que reconocer que casi, casi, lo único que os producía un desasosiego serio era, a final de curso, la coincidencia del día de la fiesta del colegio con el campeonato del deporte de vuestro hijo, escogido entre todos con tanta ilusión.

¡Ya nada será como antes pero –si queremos- podrá ser mejor!

Nuestra historia y la de nuestro adolescente dependen de nuestra forma de actuar y de las decisiones que tomemos en este nuevo papel de madre o padre de adolescente.



FELIZ 2014, Año de la família.


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