dijous, 27 de setembre de 2012

Saber decir "no puedo"

Saber decir "no puedo"

Estuve en un curso que se hizo organizado por la Universidad de Navarra y el Gobierno de Navarra en el Palacio del Condestable de la calle Mayor de Pamplona. Todo un privilegio participàr del Curso "Abuelos cuidadores". Os dejo esta imagen de la mesa en que participé.

Traté sobre "El privilegio de ser abuelos" y os dejo unas muy pequeñas reflexiones sonre esta convivencia intergeneracional. A veces resulta difícil la comunicación de los abuelos con sus hijos. A las abuelas, especialmente, les cuesta un montón decir que no pueden hacer -debido a su edad o otras circunstancias- "no puedo" y un exceso de trabajo les perjudica su salud.

Los abuelos son abuelos no son canguros.

Los padres jóvenes no pueden olvidar que los abuelos no se atreven a decir que no pueden complacerles, por miedo a dejar de sentirse útiles o perder el cariño de los nietos; por tanto, deben estar atentos a las necesidades de sus mayores y, a la vez, es fundamental ser agradecidos y valorarles el beneficio de su entrañable tiempo.

Seria ideal realizar actividades conjuntas las tres generaciones para reírse, disfrutar y pasarlo bien. De esta manera – al vivir una comunicación sin prisa, más relajada y confiada - menos abuelos, de buena voluntad, se romperían por el camino. No podemos olvidarnos que reunirnos para comer alrededor de la mesa también es un elemento de cohesión familiar, de reforzar vínculos afectivos y de crear climas de confianza serenos y sinceros.

Ser prudentes en el empleo de la palabra es fundamental para preservar la autonomía del joven matrimonio, para potenciar su prestigio y para secundar los objetivos educativos que crean oportunos para sus hijos. Siempre acertaremos si llegamos a la conclusión de que lo que queda no son las prédicas ni las recomendaciones, sino lo que se ve, o sea, el testimonio que se ha sabido dar.

Por tanto, el consejo para todos los que ejercemos de abuelos es el de predicar con el ejemplo, tener buen humor, optimismo, afrontar los problemas con serenidad, no asesorar si no nos lo piden, ser afectuosos y cuando hemos cometido un error, deshacer la equivocación y decir: «Me he equivocado, perdona».

El afecto a manos llenas sí que perdura en el corazón de los hijos y de los nietos. Los consejos no vale la pena darlos, se deben vivir, es más valioso dar testimonio que pronunciar mil palabras. Es la manera de que los nietos descubran los valores de la discreción y de la prudencia. Y digo los nietos porque nuestros hijos ya lo habrán hecho hará algunos años, nos conocemos perfectamente ya que convivieron en nuestro hogar.



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