dissabte, 3 d’agost de 2013

La prepotencia cierra las puertas de la comprensión y del diálogo

No seamos prepotentes




- ¿Qué te pasa, Guille?

- Me duelen los pies-respondió.

Mafalda se fija en los pies de la niño y le explica:

- Claro, Guille, te has puesto los zapatos cambiados de pie, los tienes al revés.

Guille, tras un instante, el tiempo necesario para comprobar el hecho indiscutible, comienza a llorar más fuerte.

-Y ahora… ¿qué te pasa?

- Ahora me duele mi orgullo.

Quino



El primer enemigo lo tenemos dentro de nosotros: es el amor propio, hermano pequeño del orgullo, que nos hace ciegos a la comprensión. En educación familiar, y no sólo en educación familiar, esto es un problema, ya que hay que admitir que no somos los más sabios del mundo ni tenemos siempre la razón de todo. Esta actitud molesta especialmente a nuestros hijos.



Me asustan estas personas que lo saben todo. Que son dogmáticos y que no tienen ni una pizca de humildad para reconocer que no son tan perfectas como se creen. Van a la suya y no escuchan, muchos son jóvenes y realmente tienen mucha fuerza para seguir así pero cuando llegan a la vejez se vuelven tercos y antipáticos.

En todo momento conviene ser más sencillos y hay que dialogar. Los jóvenes con sus amigos, los padres con otros padres y cualquier persona deben estar dispuestos a aprender de los demás. Ser sencillos y dialogar no significa que uno no tenga sus criterios pero la comprensión y respeto hacia las opiniones de los demás ayuda a la flexibilidad ya ser más atractivos y apacibles.

No es conveniente ir tan seguros y prepotentes por la vida que parezca que no necesitamos de nadie "... a mí nadie me tiene que decir como tengo que guiar a mi hijo... ". Te equivocas, quizás esa vecina a la que le dejas tu hijo cuando necesitas salir sin él, sabe cómo juega y se comporta con sus amigos y te podría dar algunas ideas para saber tratarlo mejor.

El verano, el tiempo de vacaciones es un buen momento para avanzar en la cualidad de la humildad, pasamos más tiempo con amigos, viajamos, conversamos, podemos cada día mejorar y recordar que no somos el centro del universo. Nuestros hijos agradecerán que tengamos una actitud dialogante y no vayamos por la vida creyéndonos ser losa únicos dueños de la verdad.



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