dijous, 24 de gener de 2013

¿Nos llevamos bien suegras y nueras?


Suegras y nueras, llevarse bien... Las claves

(Artículo publicado en la Revista Hacer familia, enero 2013)



“La amabilidad es un lenguaje que el sordo puede oír y el ciego puede ver”.

Mark Twain


Llevarse bien es posible si se afronta con comprensión y buena voluntad el papel de suegra o de nuera aunque a veces sea costoso hacer el esfuerzo de callar o tragarse alguna decepción. Podemos, también llevarnos bien, siempre que aceptemos la manera de ser de la otra persona, valoremos sus cualidades y pasemos por alto sus defectos.

Generalmente, ser la madre de los hijos casados, es fácil para dialogar sobre cualquier tema que preocupa; entre padres e hijos se ha establecido un clima de confianza previo que ayuda a comunicarse con sencillez y sinceridad y, si hay alguna desavenencia, se olvida rápidamente, después de pedir perdón.

Puedo recordar como vivíamos la relación con nuestra suegra en la década de lo sesenta, época en que ella venía de visita, y le gustaba dar su opinión de todo, todo. La suegra de hoy no visita, colabora. Llega a casa de los hijos, baña a los nietos, ayuda a hacer deberes y arregla cualquier desorden sin hacerse notar y cuando termina, se despide con aquella alegría propia de los que saben que es un privilegio dar ternura a los pequeños, ánimos a los medianos y abrazos a los adolescentes.

Ya Tirso de Molina (1584-1648) nos dejaba este epigrama: “Suegra y nuera, perro y gato, no comen bien en un plato”.

Nos preguntamos como llegar a ser buenas suegras para eliminar esta etiqueta conflictiva que nos ha caído desde hace siglos. No se desvanece con facilidad el rótulo que se ha colgado y, pese a intentarlo como lo que comentábamos de morderse la lengua o tragarse alguna decepción, siempre puede quedar alguna falta de entendimiento. Es por ello que añadimos unas claves:
Ser flexible y adaptarse a los tiempos actuales cediendo en cosas opinables, que son muchas, es una muestra de humildad y de respeto.

No amargarse y evitar pensamientos del tipo: “¡Si mi hijo se hubiera casado con la hija de nuestros amigos!” o “A este nieto le convendría que mi nuera le diera una reprimenda…”, “Mi nuera no debería trabajar ahora que tiene los niños pequeños”, etc. Y, está claro, que estos malos pensamientos no se deben explicitar nunca.

El mejor consejo para las suegras es que no den consejos. Concretamente: No se puede pedir al hijo que corrija a su esposa de algo que a una suegra no le gusta. El sabe perfectamente lo que no le complace a su madre, lo vivió en casa. Lo único que se conseguiría con esta actitud dominadora sería entristecerlo.

Buena suegra es mi amiga Isabel. Ella me destaca que lo mejor es la disponibilidad. Dejar todo para disfrutar de los nietos y agradecerle su nuera que le pida este favor.

Victoria Cardona

Escritora y orientadora familiar











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